CUENTOS DE CG: EUSTORGIO PEÑALOZA, EL GRAN “TOYO”

Toyo, de nombre real Eustorgio Peñaloza, entró al valle de las tinieblas mucho antes de su muerte en junio del 2004. Desde que yo lo conocí en 1999 tenía la vista mala, aunque se defendía bastante bien.

Vivía solo en una casita de quincha que constaba de una pequeñísima recámara con una cama y una sala más grande que la recámara. Tenía un buen portal. La cocina estaba aparte de la casita y tenia un cascaron de techo. Tenía por lo menos una llave de agua, de la que bajaba del Cerro Guacamaya. Los muebles eran tan escasos que a veces lo veía tomando el fresco de la tarde en lo que habría sido el sillón de un automóvil. Sus compañeros eran un perro blanco cuyo nombre no recuerdo y un caballo blanco que llamaba Palomino.

Quede cautivada con la casita de quincha desde la primera vez que entre a Cerro Gordo, cuando fui a conocer la finca que vendía el Sr. Tuñón. Así mismo, me presentaron a Toyo desde el principio.

No tarde mucho en comprender que este viejito, que tal vez no ere tan viejito sino que el sol y el trabajo de campo habían hecho huellas en su cuerpo y en su cara, era todo digno de apreciación y cariño. Había sido regidor de su comunidad de Cerro Gordo por 25 años y era una enciclopedia de cómo se hacían las cosas en el campo y como se solu”TOYcionaban los problemas. Desde que lo conocí le hacia todas las preguntas sobre temas totalmente desconocidos para mi, particularmente de cosas que afectaban mi propiedad.

Toyo pensaba que las cosas se debían solucionar a las buenas y no con peleas ni yendo adonde las autoridades. Yo trate de seguir este consejo que a veces dio resultado y a veces no. Por ejemplo, me dio resultado con un colindante que si reparaba la mitad de la cerca que le correspondía. Pero no me dio resultado con el mismo colindante cuando gracias a que el no mantenía sus calles limpias, en un verano se pasó el fuego quemando todos los postes de la cerca y el pasto de unas dos hectáreas.

Tampoco dio resultado con un ganadero cuyas vacas en cuanto se secaba el Río Zaratí, se aprestaban a cruzar el río, rompían mis cercas y se internaban y se perdían en La Peregüeta. Lo peor fue cuando este ganado estuvo en mi propiedad todo un mes, durante el cual las vacas se escondían durante el día y solo salían en la noche cuando nada se podía hacer.

Este ganadero desdentado que pintaba la facha de ser un buen tomador de chicha fuerte, cerveza, seco o algo parecido, se me acerco para ofrecerme como regalo una de sus vacas, a cambio que yo no fuera tan necia con lo de que no quería ver ni una vaca en mi finca. Finalmente, después de 30 días encontró la vaca que quedaba por ahí y la amarró a un árbol. La vaca, que estaba a punto de dar a luz, se enredó con la soga y se ahorcó. Los vecinos de Cerro Gordo hicieron fiesta con este acontecimiento y comieron carne de res por varios días. Yo estaba totalmente asqueada así que la próxima vez que los animales se le escaparon y rompieron mis cercas, fui a la corregiduria de Cañaveral, puse mi queja y ellos se encargaron de ponerle una multa al viejo desdentado y desordenado que no tenía control alguno sobre su rebaño. Y que tampoco invertía un centavo en mantener sus cercas para que sus animales no se escaparan.

Toyo aun conociendo todo el cuento de mi problema con las vacas, no estaba muy contenta con que yo fuera a las autoridades.

A pesar de la pobreza en que vivía Toyo, jamás me pidió un centavo, ni regalado ni prestado. Lo que hacia era ofrecerme algo que le podía comprar, como por ejemplo una cabeza de guineo chino, unos aguacates, cañas. Lo único que me pedía de cuando en cuando era que le trajera del pueblo unos chances de la lotería; y si yo trataba de regalárselos, no los aceptaba.

Cuando el supo que ya no podía seguir montando a su caballo, me lo ofreció en venta. Yo me asegure que en realidad no podía montarlo y lo deje a su cuido por mucho tiempo. El pago del caballo viejo era más de lo que me hubiera costado uno mas joven, pero el asunto era ayudar a Toyo de una manera digna y así lo hice. Para el era como tener una cuenta de banco y de cuando en cuando me pedía fondos de esta cuenta. Un día cualquiera, el llevó a Palomino a la finca, adonde estaba en buena compañía de Topi, el caballo bayo.

Palomino de Toyo

Palomino de Toyo

Según le entendí a Toyo, en sus años mozos fue un hombre de muchas novias y algunas compañeras. Aunque no tuvo hijos, había varios que le decían papa y que el consideraba como hijos.

No tengo la menor idea de que vivía Toyo, porque creo que no tenia ningún ingreso fijo Se que algunos vecinos que eran familia lo ayudaban con la comida. Tenía gallinas que le daban carne y huevos. Pero algunas veces lo encontré cocinando arroz y no me explico como no se quemaba en el fogón de leña.

A pesar de las dificultadas que pasaba viviendo solo, no quería abandonar su casita de Cerro Gordo. Allí mismo había nacido, y allí quería morir. Pero ya no veía nada y no podría valerse solo. Un buen día al pasar frente a su casa encontré todo cerrado. Una hija se lo había llevado para su casa en Penonomé, adonde estuvo hasta que murió.

El mismo día que yo regresaba de un largo viaje desde África, a Toyo lo enterraban en el cementerio de Cerro Gordo. Así que no pude acompañar a sus deudos ni a él a su última morada. Pero su recuerdo siempre esta conmigo por que para ir a La Peregueta tengo que pasar enfrente de lo que era su casa y el cementerio.

Adiós querido Toyo. Dios te tenga en la Gloria. Siento tanto no haberte conocido antes, especialmente cuando pienso en muchas cosas que hubiera aprendido de toda la sabiduría que habías acumulado. Pero si me enseñaste como se vive con dignidad y esa es una gran lección.

Norita Scott-Pezet / 19 de Enero de 2005

Obituario a Palomino, el caballo blanco de Toyo.

Hoy 22 de enero de 2011 perdí al muy querido caballo viejo Palomino. Lo tuve que poner a dormir. Ahora está con Pito y con Moty. Tenía más de 40 años, ciego de un ojo, y ayer cayó de algo o por algo. No podía levantarse. Tampoco quería agua.

La ley de la vida se impone otra vez.

Su amo “Toyo” Eustorgio Peñaloza murió en mayo 2004. Toyo fue Regidor de Cerro Gordo por cuarenta años. Desde entonces Angito es el regidor.

Anguito

Anguito

La comunidad de Cerro Gordo aún recuerda a Palomino. Con mucha tristeza me despido.

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