CUENTOS: LOS MEJORES AMIGOS DE LA MUJER

  • CUCHUCO
  • GAMBO
  • BETOVEN

EL BAUTIZO DE CUCHUCO

Cuchuco nació en la madrugada del lunes 30 de marzo de 2009 en La Peregüeta, debajo del hermoso palo de nance que queda cerca de la piscina.   No hubo ninguna partera presente, ni nadie que fuera testigo de lo que ocurría.   Su nacimiento ayer fue totalmente inesperado, ya que cuando la yegua Lucero abandonó la hacienda El Pantanal, en Antón, los vaqueros dijeron que daría a luz en Julio o Agosto.    Alexis, Antonio y Evaristo, mozos de La Peregüeta, ni oyeron ni vieron nada.    Cuando al
amanecer Alexis salió de su habitación, distinguió a lo lejos a las dos figuras debajo del nance.   Dio un grito de sorpresa y me llamó apenas salía la luz del alba.

Afortunadamente, yo estaba en Penonomé y pude ver a Cuchuco en su primer día de vida.  doña Nora y Pito también lo disfrutaron.    Tan pronto pude compartir la buena nueva, llamé a amigos y vecinos, a unos les envié un correo electrónico.   Poco falto para publicarlo en el periódico.

La primera llamada fue a su padrino, el tío Ricardo.    Era de esperarse que ese primer potrillo se llamara Cuchuco, nombre del caballo de Ángel María Herrera que montaba en la época que su nieto Ricardo cursaba el sexto grado en Penonomé, y residía con el abuelo en la casona cerca de la iglesia.   Muchas madrugadas Ángel María despertó a Ricardo para que lo acompañara a caballo a su finca, Buenos Aires, donde iban a ordeñar la leche que tomarían en el desayuno.

La yegua Lucero no le quería dar de mamar a Cuchuco, en su primer día de vida pero luego lo permitió sin ningún problema.    A las pocas semanas, Cuchuco no solo bebía la leche materna, sino también rebuscaba pasto en la hierba.

Cuchuco fue el primer potrillo que nació en La Peregüeta.     Su parecido a Lucero es inconfundible, ya que comparte con ella el símbolo blanco de un lucero, en su cabeza.

El destino de Lucero era ser la yegua de Topidos (que es virgen) pero hay que esperar varios meses mientras ella amamanta a Cuchuco. No sé cuantos meses debemos esperar, supongo que unos ocho, por que dicen que si ella queda preñada dejaría de darle leche al potrillo.    Otros dicen que puede juntarse con Topidos a los 21 días, que es cuando le viene su celo, y que no dejaría de darle leche al potrillo.  Pero  después de estar preñada once meses, creo que se merece un descanso de varios meses.   Recuerdo que la vi cansada ese primer día del parto, y fueron semanas más tarde que la vi más aliviadita y repuesta.    Había que esperar, darle una oportunidad que respirara.  Como mujer, me ponía de su lado.

Desde que Topidos vio al potrillo, no dejo de quitarle la vista a Lucero.       El que salía al amanecer hacia el potrero, hoy día  rondaba la manga de Lucero hasta que ella salía a pastear con su potrillo.

La anticipada llegada de Cuchuco no nos dio tiempo de hacer las mangas nuevas, para que ellos estuvieran cómodamente en sus potreros, manteniéndolos separados hasta que llegara el momento de juntar a Lucero y a Topidos.     Aunque teníamos todos los materiales necesarios para construir las cercas, no podíamos, ya que la tierra con el verano estaba tan dura, que no se podía trabajar.

Topidos fue un regalo de Doña Hercilda Morcilla.  Era un hermoso potro, alto, hijo de un cuarto de milla.   Decía ella, — este es un regalo de una finquera a otra – advirtiéndome prontamente, — lo hemos escogido para ti, es un buen animal, tienes que sacarle por lo menos siete crías –.   El primer pensamiento que cruzó mi mente fue – ¿en qué lio me he metido? —   No tardé
mucho en entender que tendría que educarme, como fuera, haciendo preguntas, leyendo, y tomando decisiones.    Topidos era joven, no llegaba a los tres años, aun no le habían bajado los testículos ni tenían su dentadura permanente.  Pero pronto podría estar interesado en alguna yegua.  Para cumplir con este cometido, había que adquirir una yegua, algo que demoró muchos meses porque en el área de La Peregüeta no había yeguas.   La veterinaria Betsi también me alertó del cuido en no adquirir una yegua que estuviera enferma, que primero habría que sangrarla, para determinar su estado de salud.

¿Porque era tan difícil conseguir yeguas?  No era tan difícil la respuesta.    En las áreas rurales, cada día era menos importante tener un caballo en las casas, a menos que fueran ganaderos, no necesitaban caballos.   Cada día había más accesibilidad a las áreas urbanas, así que el transporte a caballo no era importante.     Un caballo requería cuido de veterinarios, comida especial y no salía para nada barato.      Esto también se convertía en una oportunidad de criar caballos criollos de calidad, ya fuera para la venta o para propósitos de turismo.  Así lo conjugamos en La Peregüeta y decidimos que podríamos tener hasta seis caballos…que cuando llegaba el séptimo, habría que venderlo.  A buenos precios.     La moda era tener caballos finos, de paso, o para las carreras, pero yo veía la oportunidad a otro nivel.     Veríamos.    Por ahora tenía a Palomino¹, el veterano de la finca que tenía más de 35 años, a Topidos, a Lucero y a Cuchuco.

Lo que imperaba ahora era cuidar la salud de los caballos, que tuvieran buenos lugares para pastar y buen alimento.     Había
que pensar en la celebración del bautizo de Cuchuco, y para eso estábamos cursando las invitaciones para finales de junio, fecha que coincidía con la celebración de mis abriles.

¹julio 2011.   Palomino se nos fue este año, dicen que ya tenía más de 40 años.  Cuchuco ya tiene más de dos años, usa montura a diario, pero la veterinaria dijo que había que esperar para montarlo porque no se quería afectar sus huesos.   Lucero – a pesar de varios burrajes controlados y espontáneos con Topidos – aun no está encinta – aunque dicen por ahí que la están viendo más gorda.   Ojala sea así, no quiero pensar que Topidos es estéril.    Me han hablado de inseminarla pero no es tan sencillo el proceso.

El bautizo de Cuchuco no se hizo porque recibí un mensaje eclesiástico – me informaron que no se bautizan los animales, porque no tienen alma!   Si se podían bendecir, al igual que los bienes.    Lo que si hacemos es celebrar su cumpleaños a finales de marzo.

Norita Scott-Pezet – Julio 2011

GAMBO   

 

Habían pasado mas de dos semanas y no habíamos visto a Gambo.   A veces se desaparecía por ese tiempo, pero ya íbamos para el mes y nada de Gambo.  A veces regresaba todo roído, con una oreja colgando, con un muslo cortado o con un ojo infectado.    Y lo curábamos, con medicinas, como gente.    Durante el periodo de cura se queda tranquilito, como si nada, hasta que recuperaba sus energías y entonces de repente, se iba otra vez.   Dicen los muchachos que iba hasta el crematorio, lejos de la finca – allá se encontraba con perros rabiosos con los que peleaba quien sabe por comida o una hembra.

Pero ésta vez no regresó y pensamos lo peor, ya fuera por una pelea, o una crecida brava del río que se lo había llevado quien sabe adonde, ya que este año hubo varias crecidas bien feas.

En el 99 cuando yo visité la finca las primeras veces, me llamaba mucho la atención ver a Gambo tirarse al río y nadar con mucha fuerza contra la corriente.    Mas nadie se atrevía, ni nosotros, ni Canelo, ni Betoven ni Chombo, que vinieron después.   Pienso que Gambo tocó mi corazón con su valentía y si tuvo mucho que ver sobre la decisión de comprar la finca y de emplear a
Diomedes, su dueño.

Gambo se convirtió en familia.    Fue el padre de mi adorado Canelo, y era el padrastro de Betoven.    Todos cuatro, después que llegó Chombo, el cachorro negrito, eran los verdaderos dueños de La Peregüeta.    De dia eran todo un espectáculo: los veía
hacer carreras quien sabe a que velocidad cuando iban a molestar a Topi y a Palomino, los caballos, que de milagro no les zampaban una patada y les rompían algo de sus cuerpos.   No quería que eso sucediera, pero podría pasar.

A veces pienso que hacían eso para llamar mi atención, porque luego regresaban adonde yo estaba, que casi siempre les llevaba el pan de michitas que les encantaba a todos.    ¿Seria por la sal?   Había una michita para cada uno, y dos para los caballos, por que eran mucho más grandes.

Pero Gambo era parco en pedir el pan, era todo un “gentleman”…el mas agresivo y parecía muerto de hambre seria Betoven.

Nos seguían por doquier, eran excelentes compañeros.   Acompañaban a los trabajadores en sus quehaceres.  Cuando caminábamos a la orilla del río, inevitablemente el que primero entraba al agua era Gambo, el último Betoven que se la pasaba ladrando desde la orilla, supongo yo, de pura envidia.     Gamboa entraba al río y se iba hasta la otra orilla, nadaba río abajo, y río arriba.   Los otros flojos entraban al agua, pero no se alejaban de  la orilla.

De noche yo no los quería, por que no hacíamos sino acostarnos cuando comenzaba la serenata de ladridos que podían durar toda la noche, hasta el amanecer.    Las noches de luna serian las peores, las de más ladridos, supongo que verían más cosas moverse y eso les inducía a ladrar más.   Aun yo no había descubierto una formula para callarlos.    Lo peor es que se posaban
justo al lado de la ventana donde yo dormía.   Así que ni yo ni nadie dormía…

Gambo era tan tinaquero como los demás, pero de personalidad más dulce.    No era como Canelo que en el menor descuido, con toda y sus cien libras se me encaramaba en las piernas como si fuera un cachorro.  Y aquella fortaleza en el agua.    Por eso ahora que pienso en el, lo veo nadando con tanta fuerza, yo espantada al ver el río crecido y el como si nada.    Y siento lagrimas en mis ojos porque de verdad hubiera querido darle cristiana sepultura.    Así que no era cristiano, por que no tenía alma?   Quien dijo que no tenía alma.    Si que la tenia.   Lo que no tenia era el bautismo, que aun no se estila…

Jamás se me hubiera ocurrido llevarlo al pueblo.   ¿Como asi?   Si ellos eran felices en la finca, eran los dueños de una buena parte de Cerro Gordo.     Corrían, cazaban iguanas, nunca los vi agarrar ninguna pero si las correteaban.    Le ladraban a los gallinazos que volaban algo alto.    Ni quiero pensar que hacían cuando veían a los venados, un verdadero problema ya que La Peregüeta se había convertido en un refugio de los para los venados perseguidos por cazadores furtivos.    Eran indiferentes con los pájaros, como si supieran que yo era pajarera.  Y las dos gatas, Mancha y Mancha Blanca, aprendieron a convivir con ellos, pero también aprendieron a subirse rápidamente a un techo, a un árbol, y ellos desde abajo, ladrando.    Necios.   Y más necios.

Así que se nos fue Gambo, pero siempre en mi corazón, habrá un lugar para el, para su valentía, su cariño.

Ya no son cuatro, fueron tres hasta el día que se apareció de la nada el joven Pelusa.

Cuando Gambo iba a su verdadera casa, la de Diomedes, lo amarraban porque dicen que había mordido a algunos moradores.    Así queinteligentemente, opto por escaparse y pasaba mucho más tiempo en la finca que en su casa.    En la finca dormía, comía
y lo atendía el veterinario.  Por cualquier cosa, lo vacuné contra la rabia, al igual que los demás, por que seria un problema muy grande si mordiera a alguien.     Pero Gambo era perrero, y aparentemente tuvo esa debilidad sexual toda su vida, aunque tengo que reconocer que últimamente yo observaba que el pasaba mas y mas tiempo en la finca y no se desaparecía como antes.

Gambo tendría unos 9 años cuando se nos fue.   Le doy gracias por los buenos ratos que me hizo pasar y por que me permitió reconocer su valentía y su don de gente.

Gracias Gambo, de veras que lo he extrañado muchísimo.

BETOVEN

Betoven tendria a la sazón unos cinco años y nos conocíamos desde que era un cachorro.  Era hermano por parte de madre de mi adorado Canelo, y ambos vivían en Cerro Gordo.  Betoven era de la casa de los Guerrel, y su amo Diomedes había trabajado varios años en La Peregüeta, desde ese tiempo Betoven tenía la costumbre de ir a la finca todos los dias y tenia una gran
amistad con su medio hermano Canelo.     El papa de Canelo, Gambo, también era de la casa de los Guerrel, y con el tiempo pasaba mas tiempo en La Peregüeta que en su casa.

Yo había adoptado a los tres perros, asi es que cuando venia el veterinario los atendía por igual y yo corría con todos los gastos.   Asi mismo yo corría con los gastos de comida.  A Canelo lo operamos para que no anduviera perreando por ahí como su papa Gambo que con mucha frecuencia se desaparecía y luego aparecía todo cortado, con una oreja casi rota o un ojo muy
lastimado.    Yo adoraba a Gambo desde que lo vi nadar en el rio, haciendo gracias por la corriente y disfrutando enormemente de su baño.   Ninguno de los otros caninos se bañaba como Gambo, ya que preferían quedarse mas cerca de la orilla desde donde uno les lanzaba palos al agua, y ellos corrían a apañarlos.   Por nada que regresaban con los palos asi que cuando no encontrábamos más palos para tirar, se acababa el juego.

Los juegos entre los perros eran dignos de observación.  Se mordían, saltaban y se chocaban en el aire, corrían y ladraban como
locos apenas veían a un gallinazo volando bajo supongo que con el propósito de espantarlo.   También molestaban a los
caballos, les acosaban con sus ladridos, y es un verdadero milagro que los caballos no les propinaron unas buenas patadas, porque se las merecían.   Dicen los muchachos que Betoven era el que incitaba al grupo a molestar a los caballos, porque si Betoven no estaba, los demás eran completamente indiferentes con Topi y Palomino.

En las noches de luna no dejaban de ladrar y por consiguiente en la mañana todos los humanos, especialmente los que habíamos sido objetos de los ladridos, amanecíamos muy cansados.   Curiosamente, si no estaba Betoven, no ladraban.

Lo que más le gustaba a todos, incluso a los caballos, era comer pan.   A los perros les daba las migajas pero a los caballos les tenia que dar una michita entera, si les daba menos de la michita me podrían comer la mano.   A veces terminaban lamiéndome la mano…que sensación mas extraña sentir la lengua de un caballo sobre tu mano.

Antes de que Topi quedara ciego, los caballos tenían toda la libertad de la finca, ambos  caballos se acercaban al carro
cuando me oían llegar, a veces introducían su cabeza dentro del carro, claro esta, buscando las michitas de pan.

Resultaba gracioso que cuando estaba muy cerca de la casa de los Guerrel, Betoven ya estaba en el centro del camino, con las orejas bien paradas, y apenas reconocía el carro, comenzaba a ladrar y seguía el carro hasta la finca.   Estaba segura que el identificaba el carro, porque no dudaba en seguirlo.    Y permanecía en la finca hasta que yo volvía a salir.  Como serian sus ausencias que Diomedes consiguió otro perro para que le cuidara la casa.

Yo pensaba que como a pesar de su edad Gambo no dejaba de perrear y nosotros no dejábamos de curarlo, se ausentaba mucho de la finca donde pasaba mas tiempo que en casa de Diomedes, además creo que allá lo amarraban para que no mordiera.   Y Betoven, iba y venia cuando le daba la gana, asi que Canelo pasaba bastante tiempo solo.    Como pensaba que Canelo necesitaba un compañero,  adoptamos a Chombo, un cachorro negrito que nació en Febrero del 2006.   Chombo era otro tinaquero juguetón, amoroso, que muy pronto adoptó todo el comportamiento de los juegos fuertes, los ladridos a los caballos, las correteaderas a los gallinazos y por supuesto, el gusto a las michitas.

Una vez en la finca Betoven no era tan amistoso ni conmigo ni con nadie.   Gruñía bastante.   Incluso cuando le daba sus migajas de pan.   Muy rara vez permitía que le tocara la cabeza.

Sin embargo, comenzó a crecer la fama de que Betoven apenas veía mi carro, corría detrás de él y que se quedaba con nosotros en la finca, hasta que salíamos.   Al principio no le di mucha importancia, pero cuando algún amigo que ni siquiera había visitado la finca me preguntaba sobre Betoven, ya comencé a interesarme más en el comportamiento de este canino.   Me preguntaba si la cosa era conmigo y el pan, o con el carro y el pan.   Parece que el pan si era un factor importante, aunque no se si decisivo.

Un dia me comento Doris, la esposa de Diomedes, que ella estaba segurisima que Betoven intuía cuando yo me acercaba porque salía disparado al camino y efectivamente era yo la que llegaba.

Cuando comencé a ir a la finca en el 99, andaba en un Toyota Land Cruiser gris oscuro, y en Octubre del 2006 cambié a un Toyota Prado color vino.    Efectivamente cuando llegué por primera vez a Cerro Gordo en el carro nuevo, Betoven no salio a buscarme ni hizo mucho gesto de reconocerme.   Detuve el carro, baje el vidrio y le hablé pero no quedo convencido.   En una próxima ocasión, traía pan y detuve el carro, me baje y lo llame y le enseñe el pan.    Tampoco tuvo mucho efecto.    Pero para la tercera visita, ya Betoven estaba mucho más amigable y siguió al carro.   Asi pues renovó su comportamiento anterior y hasta me parecía que era mas amistoso que antes, por que a veces me buscaba para que lo acariciara, pero solo un poquito.

Su fama crecía ya que cada dia mas personas hablaban sobre Betoven, y por eso decidí escribir esta historia.    Parece que el
comportamiento de Betoven era bastante original.  Me pregunto si los perros tienen sensaciones especiales, si es que Betoven tenía una comunicación mental conmigo, si es que su oído reconocía el motor de mi auto, si es que desde lejos su olfato detectaba
el pan, y por que no, mi olor?

¿Tantas preguntas y cuál será la respuesta?

Betoven murió envenenado por una comida podrida que un restaurante de Penonomé botó a orillas del camino, al mismo tiempo que otro desgraciado botó fibra de vidrio en el mismo lugar.   Diomedes quiso curarlo a su manera y  me dijo que el veterinario
no podría hacer nada…

Aunque pasa el tiempo, cuando llego a Cerro Gordo aun miro el retrovisor y me parece ver a Betoven corriendo detrás de mi carro.

Notas.

Michitas:  son panecillos de harina que gustan mucho en Panamá.

Tinaquero:  Porque husmea los tinacos.   Un canino tinaker, es de origen desconocido, puede ser una combinación de muchas razas.  En Panamá abundan los tinakers; cuando se pone al cuido de un veterinario crecen fuertes, hermosos y tienen una personalidad muy cariñosa.

Fecha inicial: Enero 16 de 2007.  Actualizada: Julio 2011

Autora: Norita Scott Pezet. Todos los derechos reservados. Si Ud. desea copiar algo,  comuníquese ANTES con la autora  norita.scott.pezet@gmail.com para su aprobación.  De lo contrario, Ud. esta plagiando mi trabajo. 

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