CUENTOS: ENCUENTRAN MUERTO A PREDICADOR

Jueves Octubre 4 de 2007

El Siglo.  

Encuentran muerto a predicador

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María Isabel Ortega N., ortegaisabel@yahoo.com

COCLÉ. El cuerpo sin vida del predicador Julio Martínez, de 60 años, desaparecido desde el pasado sábado 29, fue encontrado por los moradores de la comunidad de Boca de Cuira de Toabré, luego de que los mismos lo buscaron afanosamente y no fue hasta en horas de la tarde de ayer, que lo ubicaron tirado en las aguas del río Tulú.

Esta desaparición fue reportada por la comunidad a las autoridades, luego de que presumieran que el mismo había sido arrastrado por una cabeza de agua cuando intentaba cruzar el río para dirigirse a Boca de Cuira en un caballo.

 

Critica

Cogió el caballo, quiso cruzar el río y se ahogó

Elena Valdez | Coclé, Crítica en Línea

Julio Martínez, un campesino de 60 años, salió de su casa en Boca de Cuiria, al norte de Penonomé, el pasado sábado con su caballo. Intentó cruzar el río crecido y lo sorprendió una cabeza de agua.

Al ver que no regresaba, la familia inició la búsqueda y encontraron al caballo vivo, pero no a don Julio. El hallazgo se dio el martes, en Boca de Tulú.

DETRÁS DE LA HISTORIA…

Alexis el nieto de Julio Martínez, me contó como la familia y la comunidad no cesaron de buscar el cuerpo porque ellos estaban bastante seguros que se lo había llevado una cabeza de agua.   Estaban desesperados porque habían unas treinta personas entre familiares y amigos que buscaban sin cesar desde ese sábado que creció el rio.    A través de un teléfono público del área,  se comunicaron con SINAPROC, la agencia del gobierno que trabajaba en desastres naturales, para que vinieran a dar su
apoyo, pero nunca pudieron llegar – y es que llegar a Boca de Cuiria no era
nada fácil.  Había que ir por caminos lodosos que se podían atravesar en un vehículo motorizado y luego ir caminando
o a caballo.     Los helicópteros eran escasos, y no eran una verdadera alternativa.

Desde Penonomé se tomaba una chiva que pasaba por Tambo, Boca del Urá y
finalmente llegaba a Boca del Tulú.  Los primeros caminos eran asfaltados y luego eran de tierra y más que todo
solucionaban en verano.  Pasadas dos horas y media de ese recorrido, se tomaba un caballo o se iba a pie,  y luego de dos horas se llegaba a Boca de Cuiria.   O así, o en helicóptero.   No es de extrañarse que SINAPROC no
llegara.

¿Una vez que vivías por allá, que hacías?  Casi todos practicaban la agricultura de alimentos básicos como arroz, maíz, frijoles, solamente para el consumo del hogar ya que no  producían para llevar a algún mercado.   Supongo que de carne comían pollo, y muy de vez en cuando carne de res.   También supongo que habría algo de cacería de conejos, venados y otros animalitos, nada espectacular, ni en gran abundancia.    Pescado de rio, tal vez, porque del mar estaban muy lejos,  amenos que estuvieran secos.    Algunos alquilaban sus potreros a otros que necesitaban engordar al ganado, y los dueños del ganado casi no eran de esos
lares.      Pero para cubrir gastos de medicinas, transporte, útiles escolares y elementales, tenían que salir hacia los pueblos y la ciudad, a trabajar por un sueldo.    Una vez alcanzaban reunir lo que necesitaban para satisfacer las necesidades del momento, regresaban a sus campos donde la luna llena y un cielo estrellado, se podían apreciar en todo su esplendor.     Donde se despertaban con el canto de las aves, donde respiraban aires que olían bien y donde en los veranos, las aguas cristalinas y refrescantes de los ríos despertaban la pasión que causa el olor a monte.

Ni era tan fácil la comunicación.   Había un teléfono público que casi nunca servía.  La comunidad tenía que ir a San Francisco, donde había otro teléfono que casi siempre servía.     La gente se comunicaba por radio, llamando a la emisora que transmitía mensajes.    El que escuchara el mensaje, lo pasaban más adelante.  Si lo hacían por teléfono, cualquiera que pasaba y lo oía sonar, lo contestaba y se comprometía a dejar el mensaje.

Así pasaban los días, al igual que sus antepasados.   Si este era el estilo de vida de principios de la primera década del milenio, como seria antes.

Al igual que Alexis, que contaba 23 años, la gran  mayoría o todos los jóvenes de ese rincón remoto y abandonado del distrito de Penonomé, habrían ido a la escuela hasta el sexto grado primario.     Después trabajaban, y la mayoría lo hacía en las cercanías de sus viviendas.   No entendían el sentido de ir a la ciudad, inhóspita, que les ofrecía un futuro incierto, peligroso.

Los jóvenes no se casaban, se juntaban, tenían sus familias y un entorno familiar bastante estable, dentro de las circunstancias.    

El futuro ofrecía muy poco.  Cada cinco años, cuando venían las elecciones, veían una promesa de algo mejor, de un cambio, y tomaban muy en serio su derecho al voto.   Eran muy importantes sus corregidores, sus regidores, sus representantes y a ellos si los conocían.   Se podían identificar con ellos.  A los diputados solo los veían, tal vez, en las épocas de campaña política. A otras autoridades, solo tal vez los verían en televisión o escucharían por radio.   Pero sabían que la esperanza del cambio de gobierno tenía pocas posibilidades de traerles un verdadero cambio en sus vidas. 

Una vez que lo encontraron, el cuerpo de don Julio no pudo ser enterrado enseguida sino que tenían que esperar hasta que viniera un personero desde Penonomé a certificar la causa de la muerte ya que no había sido una muerte normal.   De acuerdo con la ley, el personero tenía que dar su aprobación antes que lo enterraran.  Pero cuando lo encontraron, tirado en una orilla, el cuerpo tenia por lo menos cuatro días de desaparecido.  Ya había que enterrarlo.          Unos médicos que trabajaban en una comunidad vecina les sugirieron, ya que no estaban autorizados,  que procedieran a enterrarlo, porque el rio volvía a crecer y cualquier cosa podría pasar con el cuerpo.     Así lo hicieron.

A más de dos meses se aparecieran los personeros y muy para la sorpresa de todos – ¡exhumaron el cuerpo!   ¡La ley es la ley!   Aunque se tratara de un ahogado, causado por la cabeza de agua.  Qué fin perseguían esos funcionarios públicos o que ridícula orden los obligaba a proceder así.    ¿Fueron tan lejos en los casos de dietelenlycol?   O eran tan prontuosos con los muertos que abundan hoy en día alcanzados por alguna bala perdida o por participar en un tumbe de droga.  Por ahí me explicaron que los personeros solo hicieron lo que dice la ley, ignorada tantas veces pero las veces que no tiene ningún sentido, ¡aplican la ley!   Finalmente pasados dos meses el predicador Julio recibió paz en su cristiana sepultura.

Fue en ese ambiente prístino que  don Julio el predicador ofrecía palabras de esperanza a sus congéneres, para que recibieran cada día con el agradecimiento de tener vida, salud y de estar con familia.     Amanecía, y ellos lo hacían con el alba.   Trabajaban con aquellos soles que se hacían peores a medida que el cambio climático se apoderaba más del ambiente.   Dormían con el fresco de las noches de verano o con el calor de las noches de invierno.   Celebraban sus fiestas con seco herrerano, y de vez en cuando, un machete se salía con las suyas.  Y cada cinco años, volvían las elecciones.    Era el ciclo de una vida sin principio ni fin, tal cual inspiró a un Victoriano Lorenzo y a muchos campesinos de su época, a buscar un cambio.  Mas poco a poco, los pocos que salían iban conociendo otras oportunidades, pero algunos no estaban dispuestos a sacrificar su historia y la de sus antepasados, lejos de su tierra que los había visto nacer y morir.    

A veces pregunto si sería posible darles mejores vida en los mismos lugares, y sabía que la respuesta era que sí, pero también sabía que ya nunca sería igual.  Y tal vez eso explicaba lo que ocurría en el mundo, porque por todos lados vivían predicadores como Julio y jóvenes como Alexis, en un mundo que cambiaba tan rápido y que se te acercaban tanto los cambios, que no podías esconderte, porque ya no había cuevas para eso.

Autora: Norita Scott Pezet. Todos los derechos reservados. Si Ud. desea copiar algo,  comuníquese ANTES con la autora  norita.scott.pezet@gmail.com para su aprobación.  De lo contrario, Ud. esta plagiando mi trabajo. 

FIN

 


 

 

 

 

 

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