CUENTOS DE CERRO GORDO: PRAXEDES POLO

 

Conversábamos Don Pablo Silva y yo sobre Práxedes Polo, sobre el cual yo había leído en los libros de Gil Blas Tejeira.  Don Pablo – a la sazón 75 años – me decía que él era muy pequeñito cuando Práxedes falleció.

Luego de mencionar al difunto Práxedes a algunos lugareños, ellos se mostraban impresionados que yo conociera sobre este campesino que había nacido y había dejado este mundo en las faldas del Cerro Gordo.

Los Polo vivían en Cerro Gordo, a la izquierda de donde ahora se encuentra la Escuela multigrado Mª Tejeira de Herrera.     Práxedes vivía  con dos hermanas.  Los hermanos Polo no eran casados ni tenían hijos.    Si los unia una amistad con la familia Tejeira y durante los veranos, don Gil Blas y algunos hermanos veraneaban en Cerro Gordo.

Don Pablo contó que Práxedes se encontraba con una hermana trabajando en el campo, reparando una cerca, con martillo y grapas.  Como aun se acostumbra, las grapas las llevan agarradas de los labios.  Pronto hubo mucho silencio y dejó de escuchar
los martillazos.   Por lo que don Pablo me enseñó, la distancia desde donde cayó el rayo hasta donde lo alcanzó, serian unas trescientas yardas.

El rayo cayó en un punto del suelo y se corrió, como lo haría una culebra talvez, todo a lo largo del alambre de la cerca que reparaba Práxedes.  Allí lo encontró ella – inerte – doblado sobre la cerca, con una grapa atascada en uno de sus labios.

Le preguntaba yo a Don Pablo que cuantos otros Cerro Gordeños habían fallecido flechados por un rayo y me contó que era el único caso que él conocía.   Preocupada por los trabajadores de la finca La Peregüeta y por mí misma cuando en invierno trabajábamos afuera en los quehaceres del campo, le pregunté que se podía hacer para evitar este tipo de accidentes.   Me contestó que su mamá,  Felipa Bermúdez, siempre recomendaba esta oración:

San Bartolomé bendito,

 En la mañana salía

Se topó con Jesucristo

Pies y manos le besó

 

Jesucristo preguntó:

¿Para dónde va Bartolomé?

Bartolomé  contestó:

Para tu casa y tu mesón

 

Yo te prometo un don.

 

La casa que sea mentada

No caiga piedra ni rayo

Ni mujer muera de parto

Ni niños de espanto

 

AMEN

 

Y después de esta oración, se rezaban varias Glorias.

Norita Scott-Pezet, Enero 19 de 2005

Autora: Norita Scott Pezet. Todos los derechos reservados. Si Ud. desea copiar algo, comuníquese ANTES con la autora norita.scott.pezet@gmail.com o al celular (507) 6680 5616 – en Panamá – para su aprobación. De lo contrario, Ud. esta plagiando mi trabajo.   Acuérdese que este mundo es muy chiquito y el o la que quiera jugar vivo no tiene mucha delantera, y si
bastante de que avergonzarse. 

 

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